Capítulo 7: La habitación

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Quiso renacer, inocente, galopar hasta su infancia. Olvidar. Nadó en las cálidas aguas río arriba, esculpiendo el tiempo. Plegó su cuerpo, su sangre, y aunque no consiguió deshacerse de su memoria, tuvo paz con ella. Las aguas fueron su nana.

 

El aire húmedo cubría sus heridas con pomadas maternales. De la nada, la eterna nada, se irguió una habitación de luz. Inmaculada luz libre de energía y calor, ¡tan agradable cuando caía en la piel! Blanca, intensa.

 

El dolor remitió, casi, del todo. Los besos entraron por la ventana y limpiaron sus magullados pies. Respiró, profundamente, un poco de ese amor.

 

No existiría la felicidad de nuevo, algo que no aceptaba, pero estaba tan cansado… Se acostó y durmió, tranquilo. 

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